Qué revisamos
Diez años de dominio y la cadena de títulos anteriores, hipotecas, prohibiciones, embargos, servidumbres, litigios pendientes, deuda de contribuciones, expropiaciones y, cuando corresponde, recepción municipal y planos.
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El informe que establece si una propiedad puede comprarse con seguridad, qué riesgos tiene y qué habría que exigir antes de firmar.
Un estudio de títulos es el examen de los antecedentes jurídicos de un inmueble para determinar si quien vende es efectivamente el dueño, si puede transferir y si sobre la propiedad pesan limitaciones que afecten la operación o el uso que usted proyecta.
No es un trámite formal ni un requisito del banco: es la única instancia en la que alguien revisa, con criterio jurídico y antes de que el dinero cambie de manos, qué es exactamente lo que se está comprando.
Diez años de dominio y la cadena de títulos anteriores, hipotecas, prohibiciones, embargos, servidumbres, litigios pendientes, deuda de contribuciones, expropiaciones y, cuando corresponde, recepción municipal y planos.
Un informe escrito con los hallazgos, los riesgos identificados, su gravedad y una recomendación explícita: comprar, exigir el saneamiento previo o desistir de la operación. Sin rodeos ni condicionales.
Entre 5 y 10 días hábiles desde que contamos con la totalidad de los certificados. Si el inmueble tiene historia compleja —herencias sucesivas, subdivisiones o regularizaciones antiguas— el plazo puede extenderse y se lo informamos apenas detectamos la complicación.
El informe no termina en el diagnóstico. Le indicamos si el defecto es subsanable, qué gestión lo corrige, cuánto puede demorar y si tiene sentido exigirlo al vendedor como condición de la compra.
El momento habitual para pedir un estudio de títulos es cuando el banco lo exige, días antes de la escritura. Para entonces ya se firmó la promesa, ya se entregó el pie y cualquier hallazgo obliga a elegir entre perder ese dinero o comprar con el problema encima.
Encargarlo antes de comprometerse cuesta lo mismo y deja abiertas todas las alternativas: negociar el precio, exigir el saneamiento previo o retirarse sin costo.
El estudio del banco protege al banco: verifica que la propiedad sirva como garantía de su crédito. No evalúa si a usted le conviene comprar, si el uso que proyecta es viable ni si conviene exigir algo al vendedor. Son objetivos distintos, y el segundo nadie lo cubre por usted.
Sí. El estudio de títulos se puede contratar de forma independiente, aunque la compraventa la esté gestionando otra corredora o nosotros no participemos en el resto de la operación. Trabajamos solo con los antecedentes del inmueble.
Sí, y es una buena práctica poco frecuente. Revisar los títulos antes de publicar permite detectar y corregir los defectos con tiempo, en lugar de descubrirlos cuando ya hay un comprador con crédito aprobado y plazos corriendo. Una operación que se cae por papeles cuesta más que el estudio.
Se lo decimos con esa claridad, aunque signifique frenar la operación. Un estudio que solo confirma lo que el cliente quiere escuchar no sirve para nada. Si el riesgo es alto, el informe lo dice y explica por qué.
Se cobra con honorario fijo por encargo, que usted conoce por escrito antes de comprometerse. Los certificados y derechos del Conservador se detallan aparte, porque son costos de terceros. La evaluación previa —si el caso lo requiere y qué alcance tendría— no tiene costo.
Es la revisión de la historia jurídica de una propiedad: quién es el dueño, cómo llegó a serlo, qué gravámenes o prohibiciones pesan sobre ella y si la cadena de inscripciones está completa. Sirve para saber, antes de obligarse, si la propiedad se puede comprar sin heredar un problema ajeno.
El estudio de títulos revisa la situación jurídica de un inmueble determinado. El due diligence es más amplio: además de los títulos revisa permisos, recepción municipal, situación tributaria, contratos vigentes y todo lo que pueda afectar el valor o el uso del inmueble. El primero es lo habitual en una compra particular; el segundo, en una operación de inversión o de mayor tamaño.
Una compra donde la revisión previa pesa más que en ninguna otra.
Las gestiones que corrigen lo que el estudio detecta.
La operación completa, con el estudio como primer paso.
La promesa y la escritura que vienen después del informe.
Indíquenos de qué propiedad se trata y en qué etapa está la operación. Le decimos qué revisar, qué antecedentes se necesitan y en cuánto tiempo tendría el informe.